jueves, 3 de abril de 2014

El falso criterio del Reino de Dios que descansa en pensar que hasta que lleguemos al cielo lo hemos de disfrutar, hizo que congregaciones y familias enteras pensaran que no es importante cuidar del medio ambiente y de los recursos naturales que Dios creó

Clásica imagen de un rescate a causa de inundaciones por lluvias en países pobres como El Salvador


Esporádicos recuerdos invaden mi corteza cerebral a cerca de pláticas y reflexiones de fin de semana en casa de mi abuela en un pueblo escondido al sur de San Salvador. En medio del olor de un café de olla calentándose al fuego de leña, mi tío, un alto y fornido hombre de ojos color miel y al que llamaban "el pastor", hablaba y explicaba en sus toscas palabras algo llamado "La Biblia". Entre mil y un palabras alcanzo a recordar esta tan trillada frase del caló evangélico salvadoreño "si esto aquí se va a quedar".

Esa frase lograba explicar una serie de dudas en torno al futuro del planeta Tierra y las consecuencias de "destrucción a causa de la maldad del hombre" que la naturaleza padecería "en los postreros días". No obstante he de reconocer que mi tío cambió su planteamiento con el paso del tiempo, y ya incluye en sus predicaciones aspectos de importancia ambiental y la responsabilidad evangélica al respecto.


Sin embargo esta frase ha sido el caballito de batalla de miles de pastores que desde el púlpito y a vena saltada con ligeros matices de saliva, predicó por años en las congregaciones evangélicas salvadoreñas; hay unos que aún lo siguen predicando.


El falso criterio del Reino de Dios que descansa en pensar que hasta que lleguemos al cielo lo hemos de disfrutar, hizo que congregaciones y familias enteras pensaran que no es importante cuidar del medio ambiente y de los recursos naturales que Dios creó, porque de todos modos "esto aquí se va a quedar".


A raíz de eso hemos sufrido como país, ser catalogados a principios de la década del 2000 como el país más vulnerable del mundo, es decir, en donde cualquier cosa relacionada al clima puede suceder, y en donde la seguridad de las familias es un mito ante una catástrofe ambiental. Actualmente estamos en el cuarto lugar del mundo. ¡Qué honor!.


Por citar ejemplo, catástrofes como el Huracán Mitch en 1998 que dejó 240 muertos y 20 desaparecidos. En 2009 el Huracán Ida dejó 152 fallecidos. La tormenta Tropical 12-E que de acuerdo a cifras oficiales, ha sido el mayor fenómeno meteorológico ocurrido en El Salvador desde la década de 1960; esta tormenta dejó el saldo de 32 fallecidos, y una pérdida de 840 millones de dólares. Muchas iglesias sirvieron entonces como albergues.


Esos son solo muestras de lo que un pensamiento mal interpretado y lejos de la realidad bíblica es capaz de ocasionar. Los evangélicos no se formaron ni educaron; afirman que mentir y matar son pecados graves, pero aún botan basura en las calles, hacen mal uso de la energía eléctrica y desperdician el agua. Luego hay preguntas como ¿Por qué Dios permite estas catástrofes?


"Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora..." dice la Biblia en Romanos 8:22. 


El Reino de los Cielos se ha acercado. Es aquí y ahora su establecimiento, no solo de justicia, paz y verdad en el ámbito espiritual, sino en justicia, verdad y paz medioambiental. Usted y yo somos los responsables y víctimas de nuestra poca conciencia ambiental ¿Después de esto seguirá pensando que esto aquí se va a quedar?.





Posted on 2:40 p. m. by Mario Emerson Beltrán

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martes, 25 de marzo de 2014


Mientras cantamos alabanzas, la empresa privada espera cual ave de rapiña para arrebatarnos la vida líquida que Dios nos ha dado.


El sábado 22 de marzo se conmemora a nivel mundial el Día Mundial del Agua. El jueves 20 de marzo, distintas organizaciones tanto sociales como ambientales marcharon rumbo a la Asamblea Legislativa salvadoreña para exigir a los parlamentarios la aprobación de una Ley General de Aguas que garantizaría entre otras cosas la no privatización del vital líquido, y el derecho humanos al agua.

No quiero disfrazar mi opinión de noticia. Como periodista acompañé dicha marcha en una cobertura normal, Ya se imaginarán el ambiente lleno de protestas y consignas a favor del cuido del agua, música de protesta, pancartas de denuncia y mil artilugios más dignos de una manifestación de las calurosas calles de San Salvador, -muy justa por cierto-.

En ese escenario aparecieron dos personajes con apariencia de haber salido de alguno de esos monasterios orientales que se suelen ver en documentales de televisión. Sin embargo, eran dos sacerdotes católicos vestidos con sotanas color café, un bolso de manta, sandalias, y un tecomate (recipiente autóctono) lleno de agua. Uno con anteojos; el otro con su barba blanca, larga y su cabello cano.

Foto/Alfredo Carías

Uno de los sacerdotes da una entrevista a la prensa, sobre el apoyo de su iglesia en temas ambientales
Foto/Alfredo Carías


No quiero detenerme en quiénes son ni de dónde venían; Mi planteamiento trasciende a cuestionarme ¿Y los evangélicos en qué parte de la marcha vienen? Para mi desgracia, no alcancé a ver a ninguno de esos; esos mis pastores que con saco y corbata regañan a la congregación el domingo por la mañana por no diezmar, por alcoholizarse o mentir.

Ahí, en esas marchas también quisiera ser representado por quienes se sientan a dar conferencias de prensa para "dar la opinión evangélica" de temas que no trascienden en justicia, dignificación de la vida y denuncia de desigualdades sociales y del pecado estructural del Estado.

Pareciera que la iglesia evangélica no le importa, o peca de desconocimiento sobre los temas que a futuro, definirán quien bebe agua y quien no en El Salvador.

"Mi pueblo falleció por falta de conocimiento" le dijo Dios al profeta Oseas (Oseas 4:6) Ese desconocimiento que puede volver a matar a un pueblo evangélico por la falta de interés en temas ambientales.

Mientras cantamos alabanzas, diputados deciden si privatizar el agua o no. Mientras tenemos apariencia de piedad dentro de la iglesia, la empresa privada espera cual ave de rapiña para arrebatarnos la vida líquida que Dios nos ha dado.

Iglesia Evangélica, usted también toma agua, sus hijos lo harán, y sus nietos también. Preocúpese más por las decisiones ambientales de los políticos, y no por si es bueno o no cambiarle de nombre a un aeropuerto.


Posted on 2:00 p. m. by Mario Emerson Beltrán

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